‘Honeyland’: Premio al mejor documental por el Círculo de Críticos de Nueva York

‘Honeyland’, un documental macedonio sobre la última mujer recolectora de abejas de Europa sorprendió a la crítica, recibiendo varias nominaciones (una a los Oscar al mejor documental) y ganando un premio al mejor documental por el Círculo de Críticos de Nueva York. En este artículo hablamos sobre este maravilloso documental.

Honeyland

Tres años, 400 horas grabadas y la sensación de que los creadores y los protagonistas, los habitantes de una aldea lejana de Macedonia, se convirtieron en familia, han dado como resultado uno de los mejores documentales en muchísimos años. Con solo seguir el día a día de los apicultores, Tamara Kotevska y Ljubomir Stefanov han creado una película sobre la vida, la muerte y el entorno equiparable a Pather Panchali de Satyajit Ray. Las ganancias de los premios se las han donado a los protagonistas con el fin de que mejoren su vida

El documental macedonio Honeyland viene envuelto en la fiebre ecologista de nuestro tiempo. Es normal, charla de la vida rural y de la explotación racional de los recursos naturales. A pesar de ello, no se puede reducir sólo a esto. Es una obra que ha requerido un trabajo tan exhaustivo y humano que merece un reconocimiento como expresión cinematográfica esplendorosa. Podría perfectamente compararse con la obras maestras universales de Satyajit Ray. En la última edición de Sundance fue el trabajo más premiado.

Los directivos son Ljubomir Stefanov y Tamara Kotevska. Querían rodar un documental sobre el río Bregalnica, que cambia su curso cada diez años y las aldeas que lo rodean han de cambiar de lugar. Un hecho insólito. Efectivamente, la experiencia profesional de Stefanov eran los documentales de naturaleza y animales. Sin embargo, cuando estaban explorando el terreno, se encontraron con múltiples colmenas. Su propietaria era Hatidze Muratova, una apicultora de la minoría turca.

Más sobre el documental

Conforme la tradición de su gente, la última hija debe cuidar de los padres. No puede casarse ni tener una familia mientras que sus padres vivan. En su caso, Hatidze cuidaba de Nazife, su madre, de 85 años. Las dos eran las únicas habitantes de su pueblo. Para los cineastas, pronto se convirtió en una historia más atrayente que el río.

No quisieron hacer un documental al uso, con una narración y también entrevistas, por lo que se limitaron a grabar. Ganarse su confianza y, sin plazos, registrar su día a día. El background de Kotevska, de la escuela de cine de Skopje, era de un documental social. Por lo que se Hatidze sirvió para combinar el enfoque de cada uno de los creadores, humanidad y naturaleza.

De repente, apareció otra familia. Eran nómadas, también turcos. Viajaban con vacas y siete hijos. Vivían en una caravana. En un principio, Kotevska y Stefanov no prestaron atención a los nuevos habitantes de la semiderruida aldea, pero al poco tiempo todos han comenzado a interactuar. Llegó un instante en que formaban parte de la historia tanto como la protagonista.

Como no tenía hijos, se comunicaba mucho con los críos, pero con el padre de la familia, Hussein, tenía alguna discusión sobre el abuso en el momento de explotar las colmenas. La miel que generan en el campo es cotizada en los mercados. Hay un vendedor que se pasaba por el pueblo deseando cargar cuantos más bidones.

La familia y la protagonista han tenido muchísimos conflictos además del antedicho, pero este es el que después se introdujo en el montaje para contar una historia. En total, la pareja estuvo grabando casi tres años. Cuatrocientas horas. Su comparecencia terminó siendo tan cercana que ni siquiera reparaban en ellos. De ahí, muchísimas escenas que consiguieron que penetran en la intimidad de los protagonistas. Discusiones familiares, las negociaciones por la miel de Hussein y, la más fuerte de todas, la muerte de Nazife.

Hatidze estaba dispuesta a contar su historia, la familia no tanto. Por esto, los creadores se dividieron en dos. Hubo un cámara con cada grupo, como si fueran dos platós. La confianza fue importante, por el hecho de que si algún día uno no podía ir y lo sustituían, con el nuevo no había proximidad y no conseguía los mismos resultados.

Todo fue rodado con cámaras réflex digitales y sin luz artificial, solo con la luz del sol y de la luna. El lugar es inaccesible, por lo que han tenido que alquilar un vehículo todo terreno para poder llegar. Allí, no tenían dónde estar. Plantaron una tienda de campaña donde guardaban los víveres, pero no tenían ningún género de nevera ni nada similar, no había luz eléctrica, además, en no pocas ocasiones se la comían los gatos de las dos familias, que eran legión.

Los panales de abejas, paradójicamente, no les crearon ningún dilema. Hatidze les enseñó a no actuar nerviosamente delante de ellas. Solo han tenido algún accidente con las abejas de Hussein, que las trabajaba de manera más agresiva, pero solo picaron a una persona del equipo.

El resultado es una película excepcional, más que un documental. Aún cuando es difícil trazar la línea que separa un género del otro. De alguna manera, todo cuanto sucede es real y no está gravemente afectado por la comparecencia de las cámaras. Por otro, hay un montaje y se cuenta una historia sin entrevistas ni narrador. La muerte de la madre les sorprendió a todos grabando. Estaba cargada de significado. Era la libertad de Hatidze, que desde este instante podría vivir su propia vida.

Es ahí donde la información extra completa el documental y trasciende la obra. Otra vez, para variar, de manera excepcional. Con el dinero del premio que ganaron los creadores en el Festival de Sarajevo, le compraron una casa en un pueblo donde vivían algunos de sus familiares. Lo consideraron una obligación moral. Con parte de los premios que están recibiendo también echan una mano a la otra familia, que ya no es de nueve, sino de diez componentes.

Entre tanto realismo, la parte poética reside, como ha explicado Kotevska, en que la apicultora parecía también una abeja, ahí cuidando de la reina. Pero conforme donde se ha estrenado Honeyland, las reacciones han sido diferentes. En Hong Kong, por ejemplo, el público atendía a la relación madre e hija; en Nueva York, al conflicto entre ambas familias. Sin embargo, por norma general, los críticos no paran de mirar metáforas y también enseñanzas para el cuidado del medioambiente.

La última noticia es que ha sido seleccionado para competir en categoría documental en los Oscar. Aparte de lo que digan los jurados, consiste en una película única e irrepetible. El trabajo que hay detrás de ella va alén de lo profesional y también entra en el terreno de lo humano. El testimonio de la vida rural en una zona lejana del sur de los Balcanes no parecerá apasionante previamente para la gran mayoría de los espectadores, pero los que tengan un mínimo de sensibilidad difícilmente no van a tener la sensación tras observarlo de que han asistido a una obra para la eternidad.

Ficha técnica

Título original: Honeyland
Año: 2019
Duración: 85 min.
País: Macedonia
Dirección: Tamara Kotevska, Ljubomir Stefanov
Música: Foltin
Fotografía: Fejmi Daut, Samir Ljuma
Productora: Trice Films

Tráiler

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